Una Basílica de Gijón abarrotada de fieles acogió, esta tarde, la Misa en la que se enmarcó la toma de posesión de su nuevo Rector, Rvdo. D. Alvaro Iglesias Fueyo, nombrado recientemente por el Arzobispo de Oviedo tras el cese y traslado de su primer Rector, Rvdo. D. Julián Herrojo.
En su primera homilía D. Alvaro agradeció sinceramente la labor, recibimiento y colaboración de su predecesor, así como la numerosa presencia de fieles venidos de su parroquia ovetense de San Juan el Real. Se definió como “un sacerdote de Jesucristo”, y explicó como más que tomar él posesión de la Basílica, eran los fieles de ésta los que tomaban posesión de su persona al servicio del Evangelio. Finalizó su homilía con la tradicional jaculatoria de invocación al Sagrado Corazón: "Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío".
En la misma celebración tomó también posesión, como sacerdote adscrito a la Basílica, el gijonés Adolfo Álvarez Sánchez, que ha recibido igualmente la encomienda de la atención pastoral del Hospital de Cabueñes.
Como ya se ha señalado destacó la numerosa presencia de fieles de la capital del Principado, acompañando al nuevo Rector.
Entre los fieles gijoneses, y a la salida de la celebración, el comentario generalizado fue la indignación reinante por las nada felices palabras del Vicario de la Zona Norte y Párroco de San José de Gijón. Sorprendió que en su intervención, y tras un breve agradecimiento de cortesía (como suele decirse coloquialmente “con la boca pequeña”) a la labor del Rector saliente, enhebrara, socapa de consejos al nuevo Rector, toda una serie de velados reproches, tan falsos como injustos, a la labor del primero. Y es que dejando ya a un lado el escaso fundamento y falta a la verdad de los mismos (cabría preguntar cuántas parroquias gijonesas colaboraron por ejemplo, sin ir más lejos, en las oraciones de jóvenes que algún Arzobispo, el mismo que nombró Arcipreste a algún párroco local ahora en carrera ascendente, promovió en la Basílica. Tal vez así podríamos adivinar quiénes fueron los auténticos autores del aislamiento y del cerco), el Sr. Vicario dio muestras de su escasa diplomacia y saber estar, al aprovechar un acto de esta naturaleza para pronunciar un discurso tan injusto como inoportuno.