domingo, 26 de febrero de 2012

VÍA CRUCIS. OFRENDA

El poeta santanderino Gerardo Diego Cendoya escribió, en 1924, un hermoso Vía Crucis en verso. Era entonces un joven profesor, con 28 años, que ejercía su docencia como titular de la cátedra de Literatura en el Real Instituto Jovellanos de Gijón. Puerta frente a puerta del templo del Sagrado Corazón de Jesús, inaugurado aquel mismo año, y en el que ejercía su ministerio sacerdotal su hermano el P. Diego, S.J. Sin duda Gerardo Diego conoció la Semana Santa gijonesa, y tal vez algunas de sus imágenes y devociones pudieron inspirarle sus sentidos versos del Vía Crucis. Al comienzo de esta Cuaresma queremos ofrecer a nuestros lectores, y durante quince días, la posibilidad de orar este camino del Calvario, ilustrado con imágenes de nuestra Semana Santa local. Iniciamos hoy nuestra andadura con la ofrenda a la Virgen Dolorosa.

Ofrenda

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.

Fotografía: Dolorosa de Julio Beobide Goiburu (1939)

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